
La intensidad es, probablemente, la variable más importante del entrenamiento de fuerza. La progresión en los resultados depende del incremento de la intensidad, tanto en términos absolutos como relativos, aunque, al igual que ocurre con el volumen, hay que buscar los valores óptimos para cada objetivo de entrenamiento. (González Badillo y Gorostiaga, 1997)
Según Locke y col. (1981), el establecimiento de metas influye positivamente en la ejecución por cuatro motivos diferentes:
El aumento de la temperatura interna, frecuencia cardíaca, y la percepción de dureza del ejercicio en sujetos que realizaron ejercicio en el calor durante 2 horas, estaban directamente relacionados con el porcentaje de deshidratación en el estudio que realizó Montain (1992)
Diversos autores afirman que los efectos de la aclimatación al calor le sirven a un deportista para rendir más también en un ejercicio de resistencia en un ambiente templado o con temperatura normal (Kobayashi, 1980; Armstrong, 1998; Ramson y Payne, 2001; Morrison, 2002; Willmore y Costill, 2007)
Porter (2003), Hardy y col. (1996), y Vealey (1988) sugieren practicar las técnicas básicas siguientes para 
